miércoles, 8 de junio de 2016

Calentamiento global

Calentamiento global

Actual calentamiento del sistema «Cambio climático» de la Tierra…


Calentamiento global y cambio climático se refieren al aumento observado en los últimos siglos de la temperatura media del sistema climático de la Tierra y sus efectos.
Diferentes científicos mediante diferentes líneas de pruebas demuestran que el sistema climático se está calentando. Aunque con frecuencia la prensa popular comunica el incremento de la temperatura atmosférica superficial como medición del calentamiento global, la mayor parte de la energía adicional almacenada en el sistema climático, desde los años 70 del siglo pasado, se ha usado en calentar los océanos. El resto ha incrementado la temperatura en los hielos derritiendoles y calentando los continentes y la atmósfera. Varios fenomenos observados desde la década de 1950 no tienen precedentes en décadas, aun milenios. Los avances cientificos han ido en aumento. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) han señalado que en 2014 los científicos estaban más del 95% seguros en que la mayor parte del calentamiento global es derivada por las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) y otras actividades humanas (antropogénicas). Las proyecciones de modelos climáticos resumidos en el informe No 5 del IPCC indicaron que durante el pasado siglo la temperatura superficial global subió en aproximadamente 0,3 a 1,7 °C para su escenario de emisiones más bajas usando mitigación estricta y 2,6 a 4,8 °C para las mayores. Estas conclusiones han sido reconocidas por las academias nacionales de ciencia de los principales países industrializados, es decir, coinciden en el tema todas las organizaciones científicas de prestigio nacional o internacional.
El cambio climático pronosticados para el presente milenio y los impactos asociados serán distintos de una región a otra alrededor del globo. Los efectos anticipados preven un aumento en las temperaturas globales, una subida en el nivel del mar, un cambio en los patrones de las precipitaciones y una expansión de los desiertos subtropicales. También se espera que el calentamiento sea mayor en tierra firme (continental) que en los océanos y el más acentuado ocurra en el Ártico, con el continuo retroceso de los glaciares, el permafrost y la banquisa. Otros efectos probables incluyen fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, tales como olas de calor, sequías, lluvias torrenciales y fuertes nevadas; acidificación del océano y extinción de especies debido a regímenes de temperatura cambiantes. Entre sus impactos humanos significativos se incluye la amenaza a la seguridad alimentaria por la disminución del rendimiento de las cosechas y la pérdida de hábitat por inundación.
Las diferentes Organizaciones cientificas han coincidido que posibles respuestas al calentamiento global incluyen la mitigación mediante la reducción de las emisiones, la adaptación a sus efectos, la construcción de sistemas resilientes a sus impactos y una posible ingeniería climática futura. La mayoría de los países son parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuyo objetivo último es prevenir un cambio climático antropogénico peligroso. La CMNUCC ha adoptado una serie de políticas destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudar en la adaptación al calentamiento global. Los miembros de la CMNUCC han consensuado que es necesario grandes reducciones en las emisiones y que el calentamiento global futuro debe limitarse a menos de 2,0 °C con respecto al nivel preindustrial.
El dióxido de carbono (CO2) producido por el hombre continúa incrementándose sobre niveles no alcanzados en cientos de milenios: actualmente, aproximadamente el 50% del CO2 proveniente de la quema de combustibles fósiles no se absorbe ni por la vegetación ni los océanos y permanece en la atmósfera, asi lo informaron cientificos de la NASA el 12 de noviembre de 2015.

martes, 7 de junio de 2016

Iniciada por Ricardo Parrales Centroamérica cuenta con un extraordinario patrimonio natural y cultural (bosques, agua, aire, carreteras), que ha brindado a muchas generaciones una amplia variedad de servicios que sirven de fundamento para el desarrollo humano. Estos bienes públicos ofrecen beneficios que son universales y colectivos, y que cruzan fronteras entre generaciones, países y grupos sociales (Kaul et al, 1999, citado en Pascal, 2003, pág. 190). La mayoría de ellos está sujeta a externalidades y presiones que reducen la disponibilidad, la calidad y la gama de servicios y beneficios que proporcionan, y que al no manejarse adecuadamente generan “males públicos” como las pérdidas recurrentes de vidas humanas y los daños a activos e infraestructura productiva y habitacional (Pascal, 2003). Los activos ambientales, deben manejarse inteligentemente para que los recursos renovables por definición, las sociedades contribuyan a manejar riesgos presentes y mitigar riesgos futuros. Para esto se requiere saber qué usar, qué conservar, cómo manejar el cambio y el crecimiento, cómo aumentar la resistencia de los sistemas ante choques climáticos futuros, cómo prever y mitigar los riesgos de hoy (Gunderson y Holling, 2002, Folke et al, 2002 citado en Pascal, 2003, pág. 191). Esta ampliación de las opciones, funciones y capacidades de las sociedades para convivir con su extraordinario patrimonio cultural y natural es un aspecto medular del desarrollo humano sostenible en Centroamérica. Una generación eléctrica vulnerable ante la variabilidad económica y climática A finales de los años 2000, el crecimiento de la población centroamericana fue a un ritmo promedio del 2.43% anual, mientras que el consumo de energía comercial y electricidad aumento un promedio entre 3.24% y un 4.5% anual, respectivamente (Castro y Cordero, 2002). Los países en su mayoría, no lograron satisfacer esas elevadas tasas de crecimiento, lo que conllevó a problemas de racionamiento, irregularidad de voltaje y apagones. Según los datos del Banco Mundial indican cómo, a finales de los años 2000, hubo un incremento en la dependencia de electricidad generada por hidrocarburos, particularmente en Nicaragua, Panamá, El Salvador y Honduras (Banco Mundial, 2001). En consecuencia, las importaciones netas de petróleo como porcentaje del uso de energía comercial aumentaron en Panamá de 69% a 73%, en Nicaragua de 35% a 45%, y en Honduras de 38% a 43%. (Banco Mundial, 2002). Únicamente Costa Rica, y eventualmente Guatemala, presentan situaciones distintas, en que las importaciones netas de combustibles para generación eléctrica tienden a decrecer. Según el autor, las políticas energéticas del gobierno de Costa Rica durante los noventa tendieron a favorecer el uso de fuentes renovables de electricidad. El escepticismo en cuanto a la volatilidad de precios de los derivados de petróleo es aún mayor que la causada por la variabilidad climática, con patrones de lluvia irregulares atribuibles al fenómeno de El Niño (Castro y Cordero, 2002, citados en Pascal, 2003).